Por: Herless Alvarez Bazán
A casi dos años de pandemia y donde hemos visto todo o casi todo, y donde a estas alturas la discusión ya no es saber si aprendimos algo, mucho, poco o nada, el tema es si lo que aprendimos lo ponemos en práctica y si lo que practicamos es lo peor de nosotros, Netflix nos trajo a manera de regalo navideño “No mires arriba” (Don’t look up, su título original en inglés) una muy singular película de catástrofe apocalíptica, pero desarrollada como comedia, donde no queda otra que hacer como los payasos: reír para no llorar de nuestras miserias como humanidad.
No mires arriba trata de dos astrónomos, el profesor Randall Mindy (Leonardo DiCaprio) y su estudiante de doctorado Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence) que se dan cuenta, durante un análisis rutinario de las imágenes de un telescopio gigante, de que un cometa lo suficientemente grande como para destruir toda la vida en la Tierra se dirige hacia aquí y hará impacto en seis meses. Todo lo que tienen que hacer es avisar a todo el mundo, y entonces las naciones del mundo se reunirán con un todopoderoso apretón de manos y resolverán qué demonios hacer al respecto.
La política, el arte de hacer difíciles las cosas
Para dar a conocer tan apocalíptica noticia los científicos recurren al canal más “adecuado”: una reunión con la megalómana presidenta de los EEUU Orlean (Meryl Streep) acompañada de su sarcástico e insensible hijo y jefe de gabinete Jason (Johah Hill), pero como se acercan las elecciones de mitad de mandato, y la presidenta Orlean no sabe si la noticia del devastador impacto del cometa puede afectar, prefiere despachar a los anonadados científicos con un “esperar y analizar”.
La prensa cuando es mala es lo peor
Luego del primer portazo los científicos intentan con los medios de comunicación, van a un programa de TV diurno de gran sintonía conducido por dos caras de sonrisas relucientes (Tyler Perry y Cate Blanchett) con las que cuentan noticias por más trágicas que sean. El anuncio de la roca gigante que chocará con la Tierra no escapa a las bromas banales, pero además no es trascendental en comparación con el rompimiento de una pareja de moda y centro de atención de toda la opinión pública.
Los científicos, entre la burla y la seducción de lo mediático
El tiempo transcurre y luego de la desastrosa presentación en TV los dos científicos van por caminos opuestos: la astrofísica es convertida en un meme por su estallido en cámaras, se queda, por lo tanto, sin plataforma seria para difundir su mensaje conoce y se integra a un grupo de jóvenes activistas nihilistas liderado por Yule (Timothée Chalamet); y del otro lado, su mentor cae seducido por la telegenia e ingenuidad de hombre de ciencia ante lo mediático que termina siendo la cara de un mensaje sombrío “suavizado.”
Todo es un negocio, incluso un cometa mata planetas
Cuando el hecho o evidencia del monstruoso cometa se vuelve indiscutible (previamente la gente se enfrascó en un debate, insultos, enfrentamiento entre bandos de negacionistas, conspiranoicos) y un coronel “héroe” intolerante (Ron Perlman) se ofrece como voluntario para una misión suicida para hacer volar al cometa con un cohete, no falta un tecnócrata espectral y ambicioso de más poder económico para anteponer sus intereses personales antes de salvar a la humanidad con toda su tecnología y dinero.
En realidad, “No mires arriba” no trata de la desaparición del planeta por un apocalíptico cometa, sino de hacernos ver a través del sarcasmo que estamos en el camino progresivo, insensible, doloroso y sobre todo autoinfligido de la desaparición de nuestra especie, sea porque somos demasiados idiotas, demasiado tercos o egoístas para abordar el problema de fondo: nuestra desquiciada relación con el planeta.
Más allá de discutir si es o no una buena comedia, la película plantea la sátira como un medio para provocar o dejar una reflexión de cambio de actitud frente a todos los despropósitos que estamos provocando (cambio climático, la pandemia, la sobre explotación y contaminación de recursos, etc.). “No mires arriba” trata de golpear nuestras cabezas, su mensaje es actual y omnipresente.
Para los que critican la película como mala (porque la trama del cometa que choca con el planeta choca también con los intereses económicos del sistema) o los que la señalan como buenísima, incluso recomendándola para los premios Oscar (porque representa sus demandas contra el sistema) una pregunta: ¿Es posible juzgar una película -en especial una comedia- en función de nuestra posición ideológica, cuando lo que la película pretende decir es tan grande e importante más allá de visiones mezquinas y miopes?
Por último, aunque en No mires arriba se habla en todo momento de un cometa, por la descripción que hacen de él en la película, en realidad, bien podría tratarse de un meteorito. Ese meteorito que nos merecemos hasta el momento por todo lo que venimos haciendo como humanidad.
Si el mensaje de “No mires arriba” no puede cambiar de la noche a la mañana la mezquindad de los políticos y la alienación de los medios de comunicación, lo que sí tiene que cambiar y pronto es la percepción de la gente sobre la ciencia y del trabajo científico, así como la forma de divulgar y comunicar de los científicos al público. De lo contrario estamos perdidos.