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LA LEY SECA ¿SIRVE DE ALGO?

Tras el desmentido oficial y más allá de si fue rumor o si el gobierno lo tuvo en mente

Publicado: 2020-08-28

La ministra de Economía y Finanzas María Antonieta Alva salió a decir “no habrá ley seca” y con eso se acabó la bolada de los “rumorólogos” y las discusiones de los “opinólogos”. Sin embargo, más allá del rumor vale hacer la pregunta: ¿sirve de algo la ley seca? ¿Tiene sentido? Como muchas cosas en la vida, depende.

Si se trata de los comerciantes de licores, pues claro que sí les sirvió de mucho, ayer hicieron su “agosto” literalmente, la gente salió desesperada como en los primeros días de la cuarentena, en lugar de comprar papel higiénico, salieron a sobre abastecerse de trago. Pero mejor hagamos que esta bolada tenga utilidad, más de llenar los bolsillos de las empresas.

PONGAMOS UN POCO DE RACIONALIDAD A LA IRRACIONALIDAD

Es cierto que en un contexto de cuarentena la ley seca es una medida que varios países de la Región decidieron tomar, como en el caso de Ecuador, Colombia, México, Panamá y Argentina, por citar algunos ejemplos. Todos ellos, al inicio de sus cuarentenas establecieron la ley seca a nivel nacional o en algunas zonas de manera focalizada. En buena parte la justificación fue para evitar o contrarrestar episodios de violencia que podían suceder con el consabido cóctel “confinamiento y alcohol en las rocas”.

Por ejemplo, la Secretaría de Salud Pública de Yucatán, en México, informó que las llamadas por violencia doméstica disminuyeron en un 60% durante la ley seca. Ahora bien, esa drástica medida se estableció en simultáneo con la cuarentena, donde en momentos de mayor estrés, con mujeres y niños encerrados con sus tradicionales maltratadores, no cuando la gente ya se encuentra desconfinada, haciendo lo que le da la gana, que corresponde a la situación del Perú en estos momentos.

Se puede estar de acuerdo con que la gente es libre de comprar todo lo que le dé la gana, incluido el alcohol, pero eso no tiene que representar que el consumo excesivo de alcohol sea otro de nuestros dramas estructurales como país (como si no tuviéramos ya demasiado con la informalidad, la corrupción, la impunidad).

Y si a esto sumamos que en el Perú, para variar, hay solo dos enfoques para abordar el tema del consumo de alcohol. La moralina insoportable de gente que como madres superioras de convento o aburridos sentencian que nunca en la vida se debe tomar ni una gota de alcohol (como si el vino de misa no lo fuera), o del otro extremo, la frivolidad de “ay nos recortan nuestros derechos” que fue evidente ayer (con este y otros tantos temas) entre los opinólogos de redes sociales, sobre todo de estratos socioeconómicos exclusivos, donde a decir verdad el alcohol también está igual o más extendido que en los sectores populosos, pero como siempre en el mundo de la hipocresía, lejos de reconocerlo, se critica a los demás, pero se barre la basura propia debajo de la alfombra. 

Queda claro que borrachos hay en todas partes. La diferencia está en que en los estratos exclusivos, el alcoholismo no se reconoce como un problema, mientras que en los estratos excluidos la cosa está “normalizada”.

VAMOS A LAS CIFRAS

Más allá de los extremos, vamos a los datos, hechos en términos periodísticos y evidencias en términos científicos y legales:

EL PERÚ ES EL TERCER PAÍS EN EL RANKING DE LOS MÁS BORRACHOS  DE AMÉRICA LATINA (OMS, 2015). O en palabras más formales: “con episodios de consumo en exceso de alcohol regularmente”. Y eso a pesar de ser el país con menos venta promedio per cápita. Si esto no está claro, es cuestionable o inadmisible para algunos (los que se desgarran las vestiduras, se indignan y gritan: “NO, EL PERÚ NO ES UN PAÍS DE BORRACHOS”; eso quiere decir que en una familia al mes se consume 4 o más bebidas alcohólicas, al menos en una ocasión mensualmente. De acuerdo a la OMS el 13% de los peruanos entra en esa categoría.

DOS DE CADA TRES MUJERES QUE SUFRIERON VIOLENCIA FÍSICA POR PARTE DE SU PAREJA fueron agredidas cuando el agresor se encontraba borracho o en otras palabras: “bajo efectos del alcohol” (Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, 2018).

Y eso no es lo peor:

UNO DE CADA CUATRO FEMINICIDIOS sucedió con el asesino borracho. (Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, 2018). Y no es una novedad que las agresiones de género se dispararon durante la cuarentena.

Por lo tanto, ¿hubiera sido adecuado declarar la ley seca al inicio de la cuarentena? Quizás. Tampoco es que el gobierno del presidente Vizcarra haya destacado por tomar decisiones basadas en datos (o mejor dicho precisos y oportunos datos).

Ahora bien, este problema del alcoholismo en el Perú, como problema estructural, no se resuelve de un día para otro con prohibiciones. Como queda demostrado con las otras drogas, claro ilegales (por si acaso, el trago es una droga, pero legal). El primer paso como sucede con cualquier problema es a nivel tanto individual y como sociedad: RECONOCER QUE TENEMOS UN PROBLEMA.

Lo de la ley seca puede que haya sido un rumor; una estrategia de marketing “salvaje”, o incluso que haya estado rondando en la cabeza del gobierno, pero debería servir para que empecemos a conversar de temas concretos como el alcoholismo, sin extremos, ni moralina, ni frivolidad, peor aún, con hipocresía o cinismo, y que al final nunca se reconocen, o se discuten como debería. 

Otra oportunidad que nos plantea esta epidemia, así como un rumor o bolada más como fue el de la ley seca. Ojalá que empecemos a hacerlo.

LA PANDEMIA VINO DE AFUERA, EL PANDEMONIO LO HACEMOS NOSOTROS.


Escrito por

Herless Alvarez Bazán

Periodista de ciencia y política. Runner de caminos nuevos o no transitados


Publicado en

ConCIENCIA

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