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EL GUASÓN VINO A PERTURBARNOS

Hemos pasado de admirar a los superhéroes a interesarnos y tratar de comprender -¿identificarnos?- con los villanos

Publicado: 2019-10-10

Los niños de mi generación que consumíamos historietas de superhéroes en formato impreso, luego en televisión, seguido del cine, hasta ver como se convirtieron esos personajes, sus historias y su propio universo en un fenómeno mundial de masas, aprendimos a identificarnos  con Superman, Spiderman o Batman, hasta que en el 2008 irrumpió en escena “El caballero de la noche” del director Christopher Nolan, el film más aclamado de Batman, no solo por la gran interpretación de Christian Bale, sino por la hasta ahora considerada insuperable caracterización del Guasón a cargo del recordado Heath Ledger. Y es que dice la conocida frase “que no hay mejor película de superhéroes sin un gran villano”. 

Transcurrieron 11 años para asistir a una nueva irrupción cinematográfica, la recientemente estrenada película “El Guasón” del director Todd Phillips y el protagónico en manos de Joaquin Phoenix, la más violenta, provocadora y perturbable historia de un villano que se haya visto en el cine hasta ahora. Luego de ver la película es inevitable pensar “hemos pasado de admirar a los superhéroes a interesarnos y tratar de comprender -¿identificarnos?- con los villanos”.

La elaboración del personaje, la música tanto propia como elegida y la fotografía están en función de crear una atmósfera íntima, poéticamente oscura para penetrar la locura y los confines mentales del protagonista, Arthur Fleck, un ser humano que desea triunfar como comediante, pero a la vez tiene que llevar consigo un trastorno de personalidad, una incontrolada e impertinente carcajada, la cual además de no encajar en la sociedad, termina convirtiéndolo en un marginal rechazado y agredido por todos los que lo rodean.

Se trata entonces de una historia que nos plantea entender no a un villano, sino a un ser humano, un hombre flaco y desgarbado, que no encaja en el molde de la “normalidad” que la sociedad y el sistema impone, con los hechos, las implicancias y las decisiones que toma hasta convertirse en el “monstruo” que quieren ver todos, como siempre en el otro y no en sí mismos.

El Guasón nos lleva al interior más profundo de una mente conflictuada y sus contradicciones que pueda provocar y sufrir debido al abandono de sus padres, la relación enfermiza con su madre adoptiva, la ausencia de imagen y función paterna, el abuso físico, pero que también busca imaginaria e inútilmente estabilidad en el propio sistema que termina reduciéndolo a un desperdicio de una sociedad de consumo, de insensibilidad, de inhumanidad. Es ahí donde la risa del Guasón por más estridente que sea no es capaz de apagar el dolor, menos aún cambiarlo por alegría.

Recuerdo otra frase conocida “Hagamos la del payaso, reír para no llorar”, es decir, en ese raro umbral entre el dolor y la alegría, la tragedia y la comedia, el Guasón nos invita a bailar, balancearnos, a correr, a tratar de huir infructuosamente de la locura, qué más queda.

Me imagino en la próxima ceremonia de los premios Oscar, si Joaquin Phoenix no es reconocido por la Academia con una estatuilla a mejor actor, a un grupo de indignados, ya no con la máscara de “V de venganza” convertida en ícono y souvenir de los colectivos denominados “indignados” (película del 2006 del director finés J. Mc Teigue donde en un futuro ficticio en Inglaterra convertida en un estado fascista y totalitario, una joven de origen proletario es rescatada por un misterioso vengador enmascarado que busca la destrucción del gobierno cruel y corrupto, y la libertad del pueblo), si no con máscaras de payasos para expresar su protesta contra la injusticia de una sociedad donde el triunfo es solo para los poderosos.

A propósito de los cuestionamientos a la película de un sector de la sociedad que señala el mensaje perturbador de promover la violencia como forma de protesta, Phoenix replicó con una pregunta: ¿acaso no es bueno hablar de aquello del mundo real que produce violencia?

En conclusión, me animo a señalar que no considero que la película tenga la capacidad de influenciar en alguien o en algún grupo para desatar la violencia y el caos como una forma de acabar con el sistema (más aún en tiempos como los que estamos viviendo, injusticia, impunidad, poder corrupto, donde la realidad supera ampliamente a la ficción). Sin embargo, no me quedan dudas de que si bien nos deja pensando en la confrontación, pero con el Guasón que cada uno de nosotros tiene en el interior, así como con nuestra locura y violencia propia, pero también con la posición que asumimos como sociedad sobre los que son considerados “fracasados”, “anormales”, “marginales”, “villanos”. Guasones y sociedad excluyente, dos caras de una misma moneda.


Escrito por

Herless Alvarez Bazán

Periodista de oficio, humanista, ambientalista y runner por convicción.


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